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Ferrocarriles y Pulque: Dos aventuras de Tlaxcala para este fin de año en tiempos de COVID-19

Como sabemos amables lectores, el próximo año se conmemoran los 500 años de la caída de México-Tenochtitlan. El Reino de Tlaxcala tuvo un trato especial y se conservó como un Gobierno con prerrogativas que incluyeron su cultura y su territorio. Esto es, entre 1531-1555 tuvo estatus de Corregimiento, bajo la tutela de la Audiencia de México. Entre 1555-1557 se convirtió en una Alcaldía Mayor, para quedar el resto de la dominación española como una Provincia con un gobernador peninsular, pero con su cabildo completamente indígena y administración propia. El carácter ambiguo de su gobierno autónomo va a retardar su condición de Estado Libre y Soberano con la Constitución de 1824, quedando como un Distrito judicial incorporado, entre la Ciudad de México y el territorio del naciente Estado de México. Entre 1836-1857 logró consolidar su territorio para finalmente convertirse en Estado federal. Fue precisamente durante la Intervención Francesa de 1863-1867, que el territorio del Departamento de Tlaxcala adquiere su última incorporación de espacio territorial con la incorporación de la alcaldía de Calpulalpan. 

Con sus 4016 km2 Tlaxcala es el estado más pequeño del país. Pero esto no significa que sus atractivos turísticos y culturales no sean de gran valor e impacto nacional. Lejos de caer en los lugares comunes del corredor religioso colonial, de los tapetes de Huamantla, del paisaje ecológico de la Malinche, del arte taurino o de su herencia virreinal de fuerte raigambre indígena, merece la pena recordar que Tlaxcala tuvo varios momentos estelares de carácter patrimonial y manufacturero desde la primera mitad del siglo XIX: 

  1. Las concesiones ferrocarrileras que comenzaron desde 1837 visualizaron a Tlaxcala como un territorio estratégico para la Ruta México-Veracruz. 
  2. La producción de materiales de hierro fue clave para detonar los futuros proyectos no sólo del ferrocarril, sino de municiones para el ejército, lo que llevó a crear la fundidora de Panzacola en 1838. 
  3. Para 1842 Tlaxcala inaugura su primera fábrica textil, inspirada en el modelo de “La Constancia Mexicana” de Estevan de Antuñano, en Puebla. Esta fábrica la conocemos con el nombre de “El Valor”, y en el corredor hidráulico de la antigua fundidora, los restos de esta fábrica y otras posteriores, se puede visualizar como mudo testimonio al lado de fábricas que continúan la vieja tradición textil de la lana tlaxcalteca. 

En definitiva, fue la expansión ferrocarrilera la que le dio una fisonomía cultural y económica importante a Tlaxcala y este hecho explica la expansión del territorio de Apizaco a lo largo del siglo XX. Y fue justo para el 15 de septiembre de 1869 que el presidente Juárez inauguraba el Ferrocarril Mexicano de México a Veracruz en la ciudad de Puebla. Pero no debemos olvidar la previa celebración en la terminal de Apizaco y en Santa Ana Chiautempan, que fueron los trayectos que se consolidaron en esta inauguración.

La carta es muy clara. El auge de Apizaco se expandió a partir de esta gran obra. 

Junto con la futura creación del Ferrocarril Interoceánico, compañía inaugurada en 1888, el paisaje cultural ferrocarrilero de Tlaxcala se completó, consolidando la expansión económica del noroccidente del Estado con el territorio de Calpulalpan.

Recorrer las viejas estaciones del ferrocarril que se conservan en Tlaxcala y sus paisajes, es la primera aventura que le proponemos amable lector, donde el entorno nostálgico de las viejas haciendas pulqueras está vivo y nos invita a caminatas y descanso inmejorables. 

Pero, ¿por qué el pulque constituye la otra gran aventura del paisaje tlaxcalteca? Como consecuencia del ferrocarril, la producción pulquera de las haciendas tlaxcaltecas se fue para arriba durante el Porfiriato (1877-1911) y dejó su huella en al menos cinco grandes ex haciendas de hoy: 

Ex hacienda de San Bartolomé del Monte.

Ex hacienda de Santa María Xalostoc.

Ex hacienda de Xochuca.

Ex hacienda de San Pedro Tenexac.

Y de estas ex haciendas surgió desde el virreinato, una tradición culinaria que sigue distinguiendo a Tlaxcala hasta el día de hoy: el quelite y sus guisos, las tortitas de huauzontles, (con queso), variedades de moles regionales, y en bebidas el popular atole agrio con maíz morado y el pulque.

San Bartolomé del Monte es un paseo emblemático Esta antigua hacienda pulquera tiene una tradición que data de los siglos XVII y XVIII. El casco actual es producto de una remodelación de finales del siglo XIX con estilo neoclásico. Todavía pueden apreciarse las huellas del ferrocarril que llegaba a la misma para cargar la producción de pulque que abastecía incluso, la ciudad de México. Con 60 hectáreas actuales, sigue produciendo pulque. La familia del Razo, actual propietaria, ha sido una gran impulsora de esta industria patrimonial emblemática del Estado de Tlaxcala. 

Mucho que ver ¿no es así? Nos veremos en la siguiente ruta patrimonial agrícola e industrial de México.